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Catholic News Herald

Serving Christ and Connecting Catholics in Western North Carolina

OESTE DE CAROLINA DEL NORTE — Al cumplirse el segundo aniversario del huracán Helene el 27 de septiembre, la Diócesis de Charlotte continúa ayudando a reconstruir vidas en toda la región a través de Catholic Charities, las parroquias y otros ministerios.

Mientras persiste la incertidumbre económica y muchas personas todavía enfrentan inseguridad alimentaria, han comenzado a aparecer señales de esperanza a medida que el turismo se recupera y los negocios que habían cerrado vuelven a abrir, generando empleos y oportunidades.

La agencia Catholic Charities de la diócesis recaudó $13,7 millones para las labores de ayuda tras la tormenta, gracias a donantes de todo el mundo. La agencia ha gastado $9,1 millones durante los últimos dos años, inicialmente transportando alimentos y agua esenciales y financiando viviendas de emergencia, para luego enfocarse en reparar y reconstruir viviendas, ofrecer asistencia para los servicios públicos y brindar orientación profesional y de salud mental.

Catholic Charities ha reservado los $4,6 millones restantes de los fondos de ayuda para necesidades a más largo plazo durante su tercer año de respuesta, y está planificando nuevos enfoques y alianzas que puedan fortalecer su respuesta ante desastres en el futuro.

“Las personas todavía están sufriendo y continuaremos acompañándolas de muchas maneras, ya sea brindándoles asistencia y servicios directamente o conectándolas con organizaciones que puedan ayudar a satisfacer sus necesidades”, dijo Gerry Carter, presidente y director ejecutivo de Catholic Charities.

“Como ocurre con la mayoría de los grandes desastres”, dijo, “anticipamos que el proceso inicial de recuperación tomaría al menos tres años, y para muchas personas continuará más allá de ese tiempo. Nuestro enfoque ahora es seguir trabajando con los casos más complicados y extender nuestros recursos a las personas cuyas necesidades aún no han sido atendidas”.

Desde la tormenta que cobró 108 vidas y causó más de $44 mil millones en daños, Catholic Charities y las parroquias locales han estado a la vanguardia de la respuesta de la Iglesia. Las parroquias intervinieron con ayuda financiera y de emergencia, mientras que la agencia asumió necesidades de gran alcance.

Hasta ahora, Catholic Charities ha atendido a 2,832 hogares, ayudándolos con todo tipo de necesidades, desde conseguir nuevos anteojos y útiles escolares para los niños hasta reparar los techos de sus viviendas. Hasta julio de 2026, la agencia había ayudado a reparar, reconstruir o reemplazar 208 viviendas, y se encargará de al menos 50 más este año.

“Dijimos al principio que cuando las aguas bajaran, seguiríamos aquí, y eso es exactamente lo que continuamos haciendo”, dijo Carter. Los trabajadores de ayuda ante desastres de la agencia han brindado asistencia a personas y familias en 37 de los 39 condados afectados.

Historias individuales y necesidades diversas

El trabajo arduo continúa mientras la agencia hace todo lo posible por responder a las necesidades específicas de cada familia, dijo Jesse Boeckermann, director regional de Catholic Charities para la región occidental, en Asheville.

“Algunos vecindarios todavía se están reconstruyendo, y en otros lugares hay inseguridad alimentaria o las personas están luchando con el costo general de vida”, dijo Boeckermann. “Nuestra respuesta es muy específica para cada familia y responde a lo que esté atravesando cada hogar”.

Jeff y Kathy Turner se encuentran entre quienes recurrieron a Catholic Charities. Su casa cerca de Jefferson sufrió graves daños cuando el río North Fork del New River subió 26 pies. Recibieron más de $10.000 para reparar los cimientos, comprar nuevas puertas y ventanas y atender otras necesidades de la vivienda.

En Old Fort, Sandra recibió ayuda para el alquiler temporal, reparaciones de su vivienda y pagos de su hipoteca. Sus problemas de movilidad hicieron que su situación fuera especialmente crítica. Catholic Charities también reemplazó su vehículo, que había quedado destruido en la inundación.

Las necesidades de otras familias fueron más complejas. En un caso, Catholic Charities proporcionó 10 meses de apoyo integral para ayudar a una familia de cinco personas con el alquiler, los servicios públicos, los muebles y las reparaciones de un vehículo.

La agencia también intervino para ayudar a negocios y personas que recibieron poca o ninguna asistencia de FEMA.

A una mujer se le negó la asistencia de FEMA debido a la antigüedad del camper de 20 años en el que vivía, por lo que Catholic Charities le compró uno nuevo. Otra mujer quería comprar el remolque de FEMA que había recibido, pero no tenía dónde colocarlo; Catholic Charities pagó los costos de traslado y el alquiler de un terreno donde pudiera comenzar de nuevo.

Cuatro negocios de la comunidad —un restaurante mexicano en Black Mountain y un taller de reparación de automóviles, un restaurante de barbacoa y un salón de belleza en Swannanoa— pudieron volver a abrir con ayuda de Catholic Charities. Cada reapertura fue un momento de inspiración para los habitantes de esas localidades.

“Nos aseguramos de que las personas sigan conectadas y reciban ayuda durante la etapa en la que se encuentren dentro de todo el proceso de recuperación”, dijo Boeckermann.

Catholic Charities también está ayudando con la recuperación a largo plazo a nivel comunitario. Los trabajadores sociales están colaborando en “grupos de recuperación a largo plazo” en algunas de las zonas más afectadas —y más difíciles de acceder—, entre ellas Chimney Rock, Gerton y Bat Cave, dijo Boeckermann.

En zonas como Asheville, se destinaron $250.000 a revitalizar la economía del River Arts District. Esa inversión está dando frutos a medida que el dinero del turismo comienza a llegar a la zona. Asheville fue sede del PGA Biltmore Championship en septiembre, lo que generó un impacto económico estimado de $10 millones. En toda la región, el Departamento de Comercio de Carolina del Norte informó que el turismo generó $7,7 mil millones el año pasado, desde un aumento interanual del 14 % en el condado de Cherokee hasta una ligera disminución de menos del 1 % en Asheville.

Las parroquias ayudan con la recuperación

Las parroquias y misiones individuales permanecen en el terreno, trabajando para ayudar a los feligreses y a las comunidades con necesidades que continúan, desde suministros esenciales como alimentos y artículos para bebés hasta fondos para pagar servicios públicos y reparaciones de viviendas.

Las parroquias que administran despensas de alimentos han experimentado un aumento significativo en la necesidad, ya que el incremento de los precios de los alimentos, la gasolina y muchos otros productos ha empeorado la situación de las víctimas de Helene.

En Sylva, la parroquia St. Mary Mother of God ha estado operando una despensa de alimentos dos sábados al mes. Proporciona alimentos no perecederos, artículos para el hogar, productos de higiene y artículos para bebés a cualquier persona que los necesite. Pero las líneas de suministro están muy limitadas, dijo Kevin Field, quien administra la despensa, por lo que la parroquia está solicitando donaciones de alimentos enlatados y fondos para poder continuar siendo una fuente de ayuda.

Inmediatamente después de Helene, el Programa de Parroquias Hermanas de la diócesis emparejó parroquias que no habían sido afectadas por la tormenta con parroquias de las montañas para ayudarlas a recaudar fondos. Dos años después, St. Mary Mother of God todavía recibe ayuda de su parroquia hermana, St. Thomas Aquinas, en Charlotte, que realiza colectas trimestrales.

En St. Francis of Assisi Church en Jefferson y su misión, St. Frances of Rome en Sparta, algunos feligreses todavía están lidiando con reparaciones de sus propiedades, pero, en su mayoría, la recuperación ya se ha completado, dijo el párroco, padre Jacob Mlakar. Algunos feligreses ahora están convirtiendo su gratitud en ayuda para otras personas de la comunidad que todavía luchan por recuperarse de la tormenta.

“La mayoría de nuestros feligreses están bien, y algunos están ayudando al servir en grupos de recuperación a largo plazo en el condado de Ashe y en otras zonas”, dijo el padre Mlakar.

En Mars Hill, St. Andrew the Apostle Church organizó un enorme esfuerzo de ayuda durante los meses posteriores a la tormenta y todavía continúa respondiendo a las necesidades, dijo la secretaria parroquial Kelly Hansen.

La parroquia administra una despensa de alimentos que atiende a unas 50 personas por semana, y los voluntarios preparan alrededor de 70 “bolsas para el fin de semana” con alimentos no perecederos para los estudiantes de la escuela primaria cercana. Hansen dijo que gran parte de la ayuda de la parroquia ahora se destina a familias que luchan con los altos precios del combustible y los alimentos, pero St. Andrew todavía recibe solicitudes de personas afectadas por Helene.

“Recientemente pagamos la factura de una unidad de almacenamiento para alguien que estaba pasando dificultades; allí tenía guardadas cosas que había podido rescatar de la tormenta”, dijo Hansen. “Estamos tratando de recordarles a las personas que todavía estamos aquí para ayudar”.

— Christina Lee Knauss. Fotos de archivo

 

The aftermath of Hurricane Helene was devastating.
After one year, some residents moved back into refurbished homes.
Roads and homes were washed away.
As of October 2025, many areas such as this street in Chimney Rock, remained untouched.
Many roads in the mountains have opened, but some closures are still in effect.
Signs of hope abound.
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Líder se retira luego de 28 años de servicio

100226 Deacon Endino1 El diácono Enedino Aquino se jubila después de 28 años de servicio a la Iglesia. Su camino de fe lo llevó de las canchas de fútbol a jugar en el equipo de Dios. (Foto proporcionada)Quienes han tenido la oportunidad de conocer al Diácono Enedino Aquino conocen su compromiso con la Iglesia y su dedicación a servir a los más necesitados en la comunidad hispana.

Durante 28 años, Aquino ha trabajado en el Ministerio Hispano de la Diócesis de Charlotte, sirviendo a las vicarías de Hickory, Winston-Salem y Greensboro. A lo largo de ese tiempo, quienes han trabajado con él han conocido de cerca su corazón por los inmigrantes y su dedicación a la fe.

La hermana Joan Pearson, quien trabajó con Aquino durante más de dos décadas, explica que él tenía un don para acercarse a las personas más necesitadas.

En los primeros años, Pearson acompañaba a Aquino a los lugares donde se congregaban trabajadores inmigrantes en el condado de Forsyth. Allí compartían Biblias y agua bendita con hombres que trabajaban en paisajismo y construcción. Para Aquino, aquellos encuentros eran oportunidades para evangelizar.

“Era tan bueno que realmente llevábamos el ministerio hasta donde vivía la gente. Él explicaba que Dios estaba caminando a su lado siempre”, dijo Pearson. “Él me demostró cómo se ve un verdadero discípulo misionero”.

Pero el hombre que hoy es reconocido por décadas de servicio no siempre vivió de esta manera. Aquino tuvo que atravesar su propio proceso de transformación.

Nacido en Tamaulipas, México, el 21 de mayo de 1958, Aquino fue expuesto a la fe desde temprana edad. Desde joven fue monaguillo y participó en el grupo juvenil de su parroquia, pero con el tiempo se distanció de la Iglesia.

Después de casarse con su esposa, María Luisa, y formar una familia de cuatro hijos, emigró a Carolina del Norte en 1988 con una visa de trabajo, producto de la ley Simpson-Rodino. Inicialmente trabajó en el cultivo de tabaco y se estableció en Siler City y posteriormente en Asheboro.

“Trabajábamos cortando tabaco y pues te cansa andar agachado”, recordó Aquino. “Y el insecticida que se usa es apestoso y pegajoso.”

Luego de dos años Aquino consigió un trabajo en una planta procesadora de pollo, donde pudo apoyar mejor a su familia durante los próximos nueve años. Fue entonces cuando reencendió una pasión: el fútbol.

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Inmigración y fútbol

Con una licencia de arbitraje semiprofesional obtenida en México, Aquino organizó partidos y torneos de una liga local. Tenía decenas de equipos y un grupo propio de árbitros. Sus domingos estaban completamente dedicados al fútbol.

“Mis hijos encantados, porque los traía a la calle y comían en restaurante y buena comida y no me salía caro cómo presidente”, dijo.

Sin embargo, su esposa nunca dejó de preguntarle cada domingo: “¿Y la Iglesia?”

Aquella insistencia se convirtió en el comienzo de su regreso a la fe.

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La gota que golpeaba

“Iba a Iglesia no por ganas, sino por convicción,” contó Aquino. “Casi me arrestraba mi esposa, porque ella decía, oye ¿Y la Iglesia?”

Aquino describe a María Luisa como “la gota que golpeaba la piedra”. Por mucho tiempo Aquino no iba a Misa dedicandose al fútbol los domingos. Hasta que un día finalmente dijo que sí.

“Le digo, mira, voy a hacer una cosa, un domingo a la Iglesia y tres domingos al fútbol,” dijo Aquino. “Después fueron tres domingos, y tuve que retirarme del fútbol y dedicarme a la Iglesia.”

Poco a poco volvió a Misa, y eventualmente empezó a servir en su parroquia cómo lector.

“Mi mujer con ese codo santo, pegaba duro en las costillas.”, explicó, referiendose a cómo insistía su esposa cuando se buscaba voluntarios. “Hasta que un día levante la mano, y empece a leer”.

En San José de Asheboro, Aquino asumió nuevas responsabilidades: formación para bautismos, grupos de hombres y preparación matrimonial.

Posteriormente, el Padre Finnerty, entonces director del Ministerio Hispano diocesano, lo invitó en septiembre de 1998 a convertirse en el primer coordinador del Ministerio Hispano.

En Winston-Salem, Aquino comenzó a organizar capacitaciones, retiros y otros eventos que hicieron crecer significativamente el ministerio en la vicaría.

“Fui el primero que invitó a trabajar”, dijo Aquino. “Él se encargó de formarme y yo fui creciendo con él.”

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Llamado al diáconado permanente

Invitado también por el P. Finnerty, Aquino empezó su discernimiento del diaconado permanente. Explica que el llamado fue fuerte, pero que vino con grandes desafíos.

“Me entregó un folleto en inglés y decía que era necesario que hablará los dos idiomas, pero el Padre Vicente me dijo, ‘Aplica’,” explica Aquino.

Cómo su inglés era muy limitado, Aquino tuvo muchas dificultades con los estudios, y inicialmente su solicitud fue rechazada, pero, gracias a su hija, quien busco ser el apoyo necesario en ese momento, Aquino no se dio por vencido.

Con la ayuda de su familia y largas horas de estudio, después de cuatro años de estudio en inglés, un idioma que no dominaba, fue finalmente ordenado el 29 de enero de 2011.

“Dios susurra al corazón del hombre, y cuando tú prestas los oídos a Dios, Dios te dice dónde te quiere,” dijo Aquino. “El Señor siempre supo dónde me quería.”

— Brian Segovia