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Catholic News Herald

Serving Christ and Connecting Catholics in Western North Carolina
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Martinez spQueridos hermanos y hermanas:
Si vemos los Evangelios, encontramos un tema que se repite una y otra vez. De una manera u otra, el Señor habla de los niños.
¿Por qué lo hace?
En el Evangelio según san Mateo, capítulo 18, Jesús nos dice que si no nos convertimos y nos hacemos como niños, no entraremos en el Reino de los Cielos.
¿Y qué significa esto para nosotros?
Significa que debemos volver a esa inocencia con la que vivíamos cuando éramos niños. Si recordamos nuestra infancia, seguramente podemos recordar también esa pureza, esa inocencia que existía antes de que el pecado fuera marcando nuestra vida.
Por eso necesitamos aprender dos cosas de los niños: la inocencia y la dependencia.
La inocencia, porque no entraremos en el Reino de los Cielos si no nos hacemos como niños. Debemos volver a esa inocencia con la que fuimos bautizados, cuando las aguas del Bautismo nos limpiaron y nos hicieron hijos de Dios.
Y también la dependencia. Esto no lo podemos hacer solos. Es necesario depender de Dios, confiar en Dios y también en las personas que Él ha puesto en nuestra vida para ayudarnos.
Así está el Divino Niño, con sus manos abiertas hacia el cielo, como un niño que levanta sus brazos hacia su papá o hacia su mamá pidiendo ayuda. De la misma manera, nosotros también tenemos que levantar nuestras manos y pedirle ayuda al Señor.
Porque solos no entraremos en el Reino de los Cielos. Solos es difícil; más aún, es imposible volver a esa pureza y a esa inocencia que una vez tuvimos.
Por eso, aprendiendo de Jesús y siguiendo el ejemplo de los niños, aprendamos también a depender de Dios, para que, con su ayuda, podamos regresar a esa inocencia y entrar en el Reino de los Cielos.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

El padre Kevin Martínez es vicario parroquial de la iglesia San Marcos en Huntersville. Esta es su homilía del 20 de junio durante la Misa del Divino Niño.