Líder se retira luego de 28 años de servicio
El diácono Enedino Aquino se jubila después de 28 años de servicio a la Iglesia. Su camino de fe lo llevó de las canchas de fútbol a jugar en el equipo de Dios. (Foto proporcionada)Quienes han tenido la oportunidad de conocer al Diácono Enedino Aquino conocen su compromiso con la Iglesia y su dedicación a servir a los más necesitados en la comunidad hispana.
Durante 28 años, Aquino ha trabajado en el Ministerio Hispano de la Diócesis de Charlotte, sirviendo a las vicarías de Hickory, Winston-Salem y Greensboro. A lo largo de ese tiempo, quienes han trabajado con él han conocido de cerca su corazón por los inmigrantes y su dedicación a la fe.
La hermana Joan Pearson, quien trabajó con Aquino durante más de dos décadas, explica que él tenía un don para acercarse a las personas más necesitadas.
En los primeros años, Pearson acompañaba a Aquino a los lugares donde se congregaban trabajadores inmigrantes en el condado de Forsyth. Allí compartían Biblias y agua bendita con hombres que trabajaban en paisajismo y construcción. Para Aquino, aquellos encuentros eran oportunidades para evangelizar.
“Era tan bueno que realmente llevábamos el ministerio hasta donde vivía la gente. Él explicaba que Dios estaba caminando a su lado siempre”, dijo Pearson. “Él me demostró cómo se ve un verdadero discípulo misionero”.
Pero el hombre que hoy es reconocido por décadas de servicio no siempre vivió de esta manera. Aquino tuvo que atravesar su propio proceso de transformación.
Nacido en Tamaulipas, México, el 21 de mayo de 1958, Aquino fue expuesto a la fe desde temprana edad. Desde joven fue monaguillo y participó en el grupo juvenil de su parroquia, pero con el tiempo se distanció de la Iglesia.
Después de casarse con su esposa, María Luisa, y formar una familia de cuatro hijos, emigró a Carolina del Norte en 1988 con una visa de trabajo, producto de la ley Simpson-Rodino. Inicialmente trabajó en el cultivo de tabaco y se estableció en Siler City y posteriormente en Asheboro.
“Trabajábamos cortando tabaco y pues te cansa andar agachado”, recordó Aquino. “Y el insecticida que se usa es apestoso y pegajoso.”
Luego de dos años Aquino consigió un trabajo en una planta procesadora de pollo, donde pudo apoyar mejor a su familia durante los próximos nueve años. Fue entonces cuando reencendió una pasión: el fútbol.

Inmigración y fútbol
Con una licencia de arbitraje semiprofesional obtenida en México, Aquino organizó partidos y torneos de una liga local. Tenía decenas de equipos y un grupo propio de árbitros. Sus domingos estaban completamente dedicados al fútbol.
“Mis hijos encantados, porque los traía a la calle y comían en restaurante y buena comida y no me salía caro cómo presidente”, dijo.
Sin embargo, su esposa nunca dejó de preguntarle cada domingo: “¿Y la Iglesia?”
Aquella insistencia se convirtió en el comienzo de su regreso a la fe.

La gota que golpeaba
“Iba a Iglesia no por ganas, sino por convicción,” contó Aquino. “Casi me arrestraba mi esposa, porque ella decía, oye ¿Y la Iglesia?”
Aquino describe a María Luisa como “la gota que golpeaba la piedra”. Por mucho tiempo Aquino no iba a Misa dedicandose al fútbol los domingos. Hasta que un día finalmente dijo que sí.
“Le digo, mira, voy a hacer una cosa, un domingo a la Iglesia y tres domingos al fútbol,” dijo Aquino. “Después fueron tres domingos, y tuve que retirarme del fútbol y dedicarme a la Iglesia.”
Poco a poco volvió a Misa, y eventualmente empezó a servir en su parroquia cómo lector.
“Mi mujer con ese codo santo, pegaba duro en las costillas.”, explicó, referiendose a cómo insistía su esposa cuando se buscaba voluntarios. “Hasta que un día levante la mano, y empece a leer”.
En San José de Asheboro, Aquino asumió nuevas responsabilidades: formación para bautismos, grupos de hombres y preparación matrimonial.
Posteriormente, el Padre Finnerty, entonces director del Ministerio Hispano diocesano, lo invitó en septiembre de 1998 a convertirse en el primer coordinador del Ministerio Hispano.
En Winston-Salem, Aquino comenzó a organizar capacitaciones, retiros y otros eventos que hicieron crecer significativamente el ministerio en la vicaría.
“Fui el primero que invitó a trabajar”, dijo Aquino. “Él se encargó de formarme y yo fui creciendo con él.”

Llamado al diáconado permanente
Invitado también por el P. Finnerty, Aquino empezó su discernimiento del diaconado permanente. Explica que el llamado fue fuerte, pero que vino con grandes desafíos.
“Me entregó un folleto en inglés y decía que era necesario que hablará los dos idiomas, pero el Padre Vicente me dijo, ‘Aplica’,” explica Aquino.
Cómo su inglés era muy limitado, Aquino tuvo muchas dificultades con los estudios, y inicialmente su solicitud fue rechazada, pero, gracias a su hija, quien busco ser el apoyo necesario en ese momento, Aquino no se dio por vencido.
Con la ayuda de su familia y largas horas de estudio, después de cuatro años de estudio en inglés, un idioma que no dominaba, fue finalmente ordenado el 29 de enero de 2011.
“Dios susurra al corazón del hombre, y cuando tú prestas los oídos a Dios, Dios te dice dónde te quiere,” dijo Aquino. “El Señor siempre supo dónde me quería.”
— Brian Segovia
