LOS ÁNGELES — Para algunas de las personas sentadas en las bancas de la Catedral de Nuestra Señora de los Ángeles, la visita de 36 reliquias pertenecientes a mártires de la Guerra Cristera de México significó mucho más que historia.
“Mi bisabuelo estuvo allí durante la Cristiada (la guerra)”, dijo Kathleen Orosco, de la Iglesia St. Mary of the Assumption en Whittier.
El abuelo de Orosco, entonces un niño, era llevado a caballo mientras soldados federales perseguían a los combatientes cristeros, en medio de una ola de anticlericalismo extremo que se extendía por México.
En una ocasión, contó ella, su bisabuelo dejó al niño – su abuelo – junto a un río para adelantarse y advertir a otros sobre la llegada de las tropas, ayudándolos a escapar.
Desde entonces, la familia ha visitado su pueblo natal de Colotlán, Jalisco, donde aún quedan recuerdos del conflicto. Orosco recordó haber visto marcas de bala y lugares donde fueron ejecutados mártires.
“Me conmueve saber que personas dieron su vida por Cristo”, dijo.
Orosco y su familia estuvieron entre los cientos de personas que acudieron el 18 de abril a un congreso de un día para conmemorar los 100 años del inicio de la Guerra Cristera (1926-1929), durante la cual miles de católicos – incluidos muchos sacerdotes – fueron ejecutados durante un levantamiento popular contra las leyes anticlericales vigentes entonces en México.
Después de su paso por la Catedral de Nuestra Señora de los Ángeles, las reliquias recorrieron varias otras iglesias de la arquidiócesis y de la Diócesis de Orange durante dos semanas. La última parada en la Arquidiócesis de Los Ángeles fue el 4 de mayo en la Iglesia St. Matthias, en Huntington Park.
El congreso en Los Ángeles incluyó conferencias de historiadores expertos sobre la guerra, una misa celebrada por el arzobispo José H. Gómez y un panel de discusión por la tarde con preguntas de los participantes.
Para algunos, el día representó una oportunidad única para ayudar a sus hijos a ver el catolicismo desde otra perspectiva.
María, originaria de Guadalajara, dijo que creció escuchando historias de los cristeros contadas por su abuela.
“Eran rancheros sencillos que no tenían mucha educación, pero tenían una fe muy fuerte, y murieron por ella”, dijo a Angelus, medio de comunicación de la Arquidiócesis de Los Ángeles.
“Siempre me ha parecido algo muy hermoso”.
Los mártires, añadió, animan a los católicos a tener el valor de vivir esa fe abiertamente.
“Se trata de no tener miedo de decir: ‘Esta es mi religión’, y defenderla”, afirmó. “Es lo que nos ha sostenido en cada etapa de la vida. Si Dios no me ha abandonado, entonces yo no debería quedarme callada cuando llega el momento de hablar”.
— Kimmy Chacón, Angelus, OSV News

