HAMLET — Las posadas, una de las tradiciones más arraigadas en la devoción popular mexicana dentro de la Iglesia Católica, ocupan un lugar especial para los feligreses de la Diócesis de Charlotte. En la parroquia St. James en Hamlet y su misión Sagrado Corazón en Wadesboro, esta celebración de Adviento se ha convertido en una cita indispensable durante los últimos años.
“Grupos de fe como el coro, los lectores, Emaús y el Movimiento de Apóstoles de la Palabra y otros, toman turnos para servir como anfitriones”, señaló el párroco de St. James, padre Fidel Melo.
El sacerdote destacó que las posadas son especialmente significativas para esta comunidad, integrada mayoritariamente por familias originarias del sur de México. Recordó que la tradición tiene sus raíces en el siglo XVI, cuando los misioneros agustinos del convento de San Agustín de Acolman instauraron un novenario de misas nocturnas, del 16 al 24 de diciembre, como preparación para la Navidad. Este periodo evocaba los nueve meses de gestación de la Virgen María.
Durante el siglo XVII, la práctica salió de los templos y comenzó a celebrarse en los hogares mediante rosarios comunitarios en los que los vecinos cantaban para “pedir posada” y meditaban en el misterio navideño. Para el siglo XVIII, las posadas ya se habían consolidado como una expresión distintiva de la cultura mexicana. La tradición incluye una procesión que simboliza el peregrinar de María y José en busca de alojamiento, con dos grupos que cantan versos tradicionales hasta que se “abre la puerta” y se da paso a la oración comunitaria.
La celebración culmina con una convivencia que suele incluir platillos típicos de México y la tradicional piñata, cuyo simbolismo conserva un profundo mensaje espiritual. Sus siete picos representan los pecados capitales, y el acto de romperla simboliza el combate contra el pecado mediante la fe.
“Se trata de luchar contra el pecado a través de la fe, sin ver con los ojos, ya que están vendados”, explicó el padre Melo. “Originalmente, nació como una forma de evangelización.”
El significado y la conexión cultural y espiritual de las posadas se ha desarrollado a lo largo de varios siglos, surgida originalmente como una manera de unir las fuertes tradiciones comunitarias de los pueblos indígenas con una celebración católica. En esencia, buscaba ser una fiesta que preparara y diera la bienvenida a Jesús.
“La Iglesia es una fraternidad, y las posadas son un ritual muy eficaz para demostrar la dimensión fraternal de la Iglesia”, enfatiza el Padre Melo. “Tienen una dimensión comunitaria muy grande para todos.”
— Brian Segovia

