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Catholic News Herald

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CHARLOTTE — Al acercarse el fin de octubre, muchas personas en todo el mundo se preparan para celebrar Halloween y el Día de los Muertos. Conversamos con un sacerdote parroquial para conocer más sobre el verdadero significado de estas tradiciones y cómo los católicos pueden celebrarlas con fe y comprensión.

 

CNH Español: ¿Cómo ve la Iglesia los orígenes y el significado de Halloween y del Día de los Muertos?

GÁMEZ: La palabra Halloween proviene de una adaptación del inglés antiguo de la celebración llamada All Hallows’ Eve, que significa “Víspera de Todos los Santos”. Así que Halloween en sí es la víspera de esta solemnidad.

Esta fiesta se desarrolló en el siglo VIII, cuando el papa Gregorio III dedicó una capilla en Roma en honor de Todos los Santos, el 1.º de noviembre. Cien años después, en el siglo IX, el papa Gregorio IV la estableció como una fiesta en toda la Iglesia universal, la cual se celebra hasta el día de hoy.

La conmemoración del 2 de noviembre, el Día de los Fieles Difuntos, surgió bajo la influencia de san Odilón de Cluny, quinto abad del monasterio de Cluny, en Francia, alrededor del año 998.

La práctica en el monasterio de rezar por los fieles difuntos después de honrar a quienes alcanzaron la santidad se extendió a otros monasterios y, para el siglo XIII, se difundió como una práctica universal.

 

CNH Español: ¿Es aceptable que los católicos participen en estas celebraciones, y bajo qué circunstancias?

GÁMEZ: Estas fiestas son de origen católico y deben celebrarse de manera católica. Al igual que la Navidad y otras fiestas religiosas que se han vuelto seculares, Halloween y el Día de los Fieles Difuntos también se han secularizado. Sin embargo, un católico debe procurar mantener la fe y la cultura unidas.
La cultura sin fe se vuelve vacía y sin sentido. Es la fe la que da el significado más profundo a las prácticas culturales. Sin fe, la cultura cambia como la moda y se convierte en algo superficial.

 

CNH Español: ¿Cómo podemos distinguir entre las tradiciones culturales y las prácticas que contradicen la enseñanza católica?

GÁMEZ: En cuanto a Halloween, celebrar el día de una manera que honra lo macabro es inapropiado. En Estados Unidos, los niños suelen disfrazarse, y esto también tiene raíces católicas: antiguamente, los peregrinos se vestían de santos y, cuando iban de peregrinación, pedían comida y se les ofrecía un tipo de pan de muerto.

Si los niños se visten de santos o de personajes positivos como superhéroes, eso es aceptable. Pero si los vestimos de algo macabro o demoníaco, se pierde la esencia del día y se va en contra del espíritu auténtico de la fiesta de Halloween.

En cuanto al Día de los Fieles Difuntos, muchas personas creen que se hace una ofrenda para que nuestros familiares fallecidos nos visiten. Esto se ha popularizado por películas y redes sociales, pero puede parecer una práctica espiritista, como si las flores de cempasúchil o la comida pudieran invocar a los difuntos.

Nosotros, en cambio, creemos que tenemos una comunión continua con todos los miembros del Cuerpo de Cristo, incluso con las benditas almas del purgatorio. No es necesario invocarlas, sino más bien rezar por su descanso eterno, ofreciendo nuestras oraciones y ofrendas con amor y devoción.

 

CNH Español: ¿Qué enseña la Iglesia sobre honrar a los difuntos y recordar a las almas del purgatorio?

GÁMEZ: La Iglesia enseña que el purgatorio es dogma de fe; es decir, para considerarse católico, uno debe creer en su existencia. El purgatorio es el paso que algunas almas deben atravesar si no se purificaron completamente en la tierra de su inclinación al pecado.

Muchas almas mueren reconciliadas con Dios mediante los sacramentos, pero aún pueden conservar imperfecciones o costumbres desordenadas. El propósito del purgatorio es que esas almas se purifiquen de todo desorden en su corazón y en su mente, para poder conocer y amar a Dios con un alma totalmente sanada e integrada.

Dios ama nuestras relaciones —Él mismo es una relación infinita de Padre, Hijo y Espíritu Santo—, y por eso desea que, a través de nuestras relaciones de amor, ayudemos a nuestros seres queridos difuntos a purificarse mediante nuestros sacrificios y oraciones. Todo esto debe hacerse con amor y devoción, porque de otro modo se convierte en un ritual superficial sin verdadero efecto espiritual.

 

CNH Español: ¿Cómo podemos utilizar estas celebraciones para fortalecer nuestra fe en lugar de distraernos de ella?

GÁMEZ: Estas celebraciones deben recordarnos que la meta de todo ser humano es la santidad. Al leer la vida de los santos comprendemos que la santidad no es un ideal inalcanzable ni un mito, sino una posibilidad real que se alcanza con la gracia y el amor de Cristo Jesús.
La celebración de los fieles difuntos también debe ayudarnos a reconocer que aún tenemos mucho trabajo interior por hacer: debemos mortificarnos y desprendernos de todo aquello que nos impide acercarnos más a Dios. Solo así, libres de las ataduras de este mundo, podremos correr con alegría hacia Aquel que nos creó y para quien fuimos creados.

— Catholic News Herald