Feligreses se unen en peregrinación de aventura a las montañas de Carolina del Norte
HIGH POINT — El Año Jubilar de la Iglesia en 2025, con el lema “Peregrinos de la Esperanza”, ha inspirado a algunos católicos a viajar a lugares de peregrinación alrededor del mundo, mientras que otros han emprendido aventuras más cerca de casa.
La parroquia Inmaculado Corazón de María en High Point envió peregrinos a Italia a principios de este año, y luego emprendió un segundo viaje, esta vez a las montañas de Carolina del Norte: una peregrinación que atrajo particularmente a los feligreses hispanos.
“Tenemos una comunidad hispana tan grande, y son tan buenos, fieles y llenos de amor por el Señor”, dice el padre Patrick O’Connor, párroco de Inmaculado Corazón. “Pero muchos tienen temor de viajar en este momento, así que pensé: ‘Planifiquemos algo local porque se lo merecen.’”
La travesía de tres días comenzó con un viaje de autobús de 3 horas desde High Point a Asheville, donde se encuentra uno de los tres sitios oficiales de peregrinación del
Año Jubilar en la Diócesis de Charlotte: la Basílica de San Lorenzo. En el segundo día viajaron a la Misión Nuestra Señora de Guadalupe en la Reserva India Cherokee, y terminaron en la parroquia San José en Bryson City.
Fue una experiencia profundamente espiritual que unió a la creciente comunidad de maneras inesperadas.
“Llegué aquí hace dos años; había de 50 a 100 personas de habla hispana”, comenta el padre O’Connor. “Ahora tenemos alrededor de 750. Muchos no se conocen entre sí, así que esto fue una gran oportunidad para crear comunidad.”
Los 55 peregrinos empacaron zapatos deportivos y café colombiano extra para poder seguirle el paso al padre O’Connor.
Experimentaron momentos de conexión espiritual en lugares sagrados, así como la belleza natural de la creación de Dios a través de ríos, cascadas y cumbres montañosas, todo mientras construían comunidad con fe, fraternidad y diversión.
Reflejando historia y hogar
Peregrinos jóvenes y mayores, de México, República Dominicana, El Salvador y Colombia, bajaron del autobús la mañana de la fiesta de la Asunción, el 15 de agosto, en su primera parada: la basílica.
La arquitectura renacentista española recordó a algunos las parroquias de su infancia, con altos vitrales, una cúpula, arcos y ladrillos hechos a mano. Supieron por el guía Andrew Davis, también director de música de la basílica, que el arquitecto era el español Rafael Guastavino.
También había una conexión inmediata: Inmaculado Corazón de María se había hermanado con San Lorenzo en el Programa de Parroquias Hermanas de la diócesis para ayudar en su recuperación tras la tormenta tropical Helene.
Los oídos se agudizaron cuando Davis habló de los daños de la tormenta: el sótano se inundó, la basílica estuvo sin agua por 10 días.
“Sus donaciones realmente nos ayudaron en un tiempo cuando muchos feligreses no podían asistir a misa”, les dijo Davis.
Tras la misa y compartir el pan en restaurantes del centro de Asheville, los peregrinos subieron nuevamente a los autobuses rumbo a Cherokee.
El padre O’Connor les prometió un relajante descenso en flotadores por el río Oconaluftee, con el agradable telón de fondo de las Montañas Humeantes.
El recorrido no salió exactamente como estaba planeado: las aguas rápidas hicieron difícil navegar, algunos flotadores se voltearon, otros quedaron atrapados en rocas, uno se rompió, y luego llegó un aguacero torrencial. Cuando todos regresaron a los autobuses, el ambiente se llenó de risas y alivio.
Esa noche, los peregrinos observaron con solemnidad la difícil historia de los indios cherokee en la obra de teatro al aire libre “Unto These Hills”, que lleva 75 años en cartelera.
“No se podía dejar de notar la relación entre lo que está viviendo la comunidad hispana con las deportaciones y arrestos, y lo que sufrió la población cherokee durante el
Camino de Lágrimas”, reflexiona el padre O’Connor.
Un lazo duradero
En su segundo día, un renovado entusiasmo invadió al grupo al entrar en el desfiladero del río Nantahala, partiendo de Bryson City al amanecer a bordo del tren de vapor Great Smoky Mountains Railroad. En lugar de dividirse para distintas excursiones como estaba previsto, el grupo decidió permanecer unido.
“Todos consideraron que valía la pena continuar el lazo que habían creado”, dice el padre O’Connor. “Incluso todos contribuyeron (para cubrir boletos) y asegurar que nadie quedara fuera.”
Durante 4 horas y media, la locomotora de vapor siguió el río Nantahala y bordeó el lago Fontana, ofreciendo vistas impresionantes del desfiladero mientras reflexionaban sobre la creación de Dios.
Teresa Pérez lo describió como un momento de unión: “Estas son personas que antes solo conocía de vista los domingos, pero ahora, poder pasar tiempo con ellas y platicar, por ejemplo, sobre nuestros hijos, fue maravilloso.”
De regreso en Bryson City, se dirigieron a la parroquia misionera de San José. Bajo un sol abrasador saludaron al padre Victor Ameh y caminaron por el único pasillo de la iglesia para sentarse a orar. Rodeados de una arquitectura sencilla de madera y un altar modesto, el grupo encontró más momentos de reflexión en silencio.
En lo alto de una colina sobre Cherokee, la última parada fue la Misión Nuestra Señora de Guadalupe, donde asistieron a una misa en español y convivieron con sus feligreses hispanos. Dedicada en 1966, fue la primera iglesia católica construida en la reserva indígena Cherokee, en un terreno donado por un converso católico y aprobado por el consejo tribal y el jefe.
El diseño único de siete lados de la iglesia fue inspirado en una casa de consejo cherokee, con mosaicos en el piso que representan las siete tribus, una fusión de tradiciones católicas romanas y nativas americanas. Una enorme vidriera de la Virgen de Guadalupe corona el templo, simbolizando la unidad espiritual del viaje.
“La gente, en su mayoría mexicana, estaba tan emocionada con esa magnífica vidriera de la Virgen de Guadalupe”, dice el padre O’Connor, “y se emocionaron mucho al ver la imagen de San Juan Diego, pero en vez de ser azteca, estaba representado como un nativo cherokee. Creo que realmente sintieron un parentesco con los nativos cherokee.”
José Andrade se llenó de alegría por la experiencia de la peregrinación, llamándola un “escape” de los retos cotidianos y la ansiedad que siente parte de la comunidad.
“Esto nos ayuda a relajarnos un poco”, dijo. “Nos permite salirnos de la rutina. Nos ayuda mucho, gracias al esfuerzo del padre O’Connor.”
De regreso en casa, el padre O’Connor reflexionó: “Cualquiera sea la experiencia que tengas durante la peregrinación, ya sean momentos de gran espiritualidad o de dificultad, recuerdas que Dios está allí y camina contigo. No estás solo, y lo haces en comunidad.”
Estaba a punto de borrar el chat grupal con fotos y mensajes del fin de semana, pero se detuvo al recibir un mensaje: “No borre esto, por favor, porque queremos poder hablar con todos ustedes para siempre y que esto no termine.”
— Lisa Geraci y Brian Segovia












































